En Realidad, el coaching “personal” es coaching “universal”.

Por qué?

Porque todo cuanto ocurre en la vida del cliente o coachee, ocurre en su campo de conciencia.

Y todo cuanto ocurre en la sesión del coach, ocurre en su conciencia.

Y lo mejor de todo es que la conciencia del coach y la del coachee son una y la misma.

La conciencia es una, universal. La Realidad es conciencia. Todo lo que vemos “fuera” está “dentro” de nuestra conciencia.

Lo curioso (y sobrenatural) es que creemos que estamos “fuera” de esa Realidad externa.

Creemos que somos “alguien” separado de lo que vemos. Creemos que existe algo “personal” separado del resto del Universo. Y no es así: la realidad no conoce las fronteras. Para el Universo, todo es Uno. Una flor, una estrella, un pájaro…son manifestaciones de la misma conciencia.

El “yo” tiene la ilusión de existir como un observador de esa Realidad.

Pero ese “yo”, si lo miramos bien, no es más que un “personaje” que aparece en la conciencia.

Por lo tanto, no somos tampoco ese “yo”. Somos lo que está antes del “yo”. Somos ese “campo” (por decirlo de alguna forma) que incluye todo lo que podemos observar.

Así pues, cuando hacemos coaching, en realidad no hay un “cliente” separado de nuestra conciencia.

El “cliente” y el “coach” son dos personajes de la conciencia única. No hay división. No hay separación.

El coaching es  “una relación que ocurre entre dos puntos de la misma conciencia”.

El “coach” que se ve Unido al “cliente” y al mismo tiempo a algo Superior que los trasciende, es un coach en estado puro.

Es un coach que hace de Espejo. Que refleja la conciencia sin nada añadir.

Ese es el coaching último al cual aspiro: ser instrumento de la conciencia.