El coaching puede resultar algo bien sencillo (y potente cuando el cliente tiene un fuerte compromiso con su objetivo).
Para ello tenemos que ver el coaching desde la perspectiva de que es una forma para que el cliente conecte más profundamente con su esencia, con lo que realmente es.
El cliente o coachee siempre plantea un problema o un reto que, con un poco de habilidad por parte del coach, se puede definir en términos de:
a) Falta de Luz para ver con claridad dónde está el problema realmente
b) Falta de Amor para irradiar en una situación concreta
c) Falta de Coraje para actuar obedeciendo una Voluntad mayor a la de su ego o personalidad
Así por ejemplo, ayer una cliente me propuso hacerle coaching sobre “aceptar mis propios límites”. Cuando le pedí que me pusiera un ejemplo, me dijo que “me impaciento cuando no veo que las cosas pasan como y cuando a mi me gustaría”. A partir de esa aclaración se abrieron 3 posibilidades distintas de afrontar aquella sesión:
1) Aceptar sus límites
2) Potenciar su paciencia
3) Ver la realidad tal y como es (y no como desearía que fuera)
El cliente dijo que la tercera opción resonaba más consigo: a veces deja de ver la realidad tal y como es, y por eso se impacienta y se siente limitada. En este caso, ayudé a mi cliente a profundizar en su propia Luz (y no en el Amor o en el Coraje).
Al final de la sesión el coachee me dijo de qué le había servido la sesión, y con su feedback comprendí qué es lo que más caracterizaba mi estilo personal de coaching. Fui consciente de que, sea cual sea la problemática del cliente, suelo recurrir a una de las tres llaves maestras (Luz, Amor y Poder o Coraje) para que el cliente acceda a su solución. Fui consciente de que al final, las tres llaves maestras se encuentran en el corazón (espiritual) del cliente, en su esencia, en su conciencia más profunda. Y mi trabajo consiste simplemente en llevar a mi cliente allí con la ayuda del coaching co-activo y con una escucha especialmente consciente y profunda (digamos que cuando escucho estoy percibiendo mi cliente desde otra Realidad).
Cuando descubrí el coaching por primera vez años atrás, la primera experiencia que tuve del coaching fue realmente sorprendente pues me permitió acceder a mi Yo Superior mediante la ayuda de otra persona. Esa otra persona (el coach) hizo de Espejo de mi Alma, de mi potencial. Vi al coach como a un Maestro, alguien que me señaló con su dedo la Luna…y tuve el coraje de mirar a lo Alto (y no el dedo). El coaching tiene todo el sentido si el coach te lleva a mirar a lo Alto y a encontrarte con tu esencia, que es Luz, Amor y una Voluntad mayor. Desde tu esencia puedes ver, irradiar y actuar inteligentemente.
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