Como todo y todos, estoy en proceso de aprendizaje y crecimiento. El post que sigue a continuación ya no aplica a mi forma de hacer coaching.

Ahora prefiero pensar que el cliente es 100% responsable de su vida y decide si cumplir sus compromisos o no, sin necesidad de tener que rendir cuentas a mi (el coach). Si el cliente necesita que le sujete las riendas de su compromiso (“hold them accountable”), lo haré encantado. Pero sólo lo haré si me lo pide. Sigo creyendo no obstante que el compromiso es un ingrediente vital para crecer, pero prefiero dejar a mi cliente la total libertad para decidir si quiere que le apoye en este punto.

El compromiso del cliente es lo más importante en un proceso de coaching exitoso. Repito: lo más importante.

El coaching completo es como un círculo: por una parte, el coach dibuja medio círculo. Y por otra, el cliente lo completa.

El coach pone de su parte para que el cliente se de cuenta, aprenda y se motive para actuar por senderos arriesgados (pero que traen los beneficios que el cliente quiere).

El cliente pone el compromiso para actuar según lo acordado durante la sesión de coaching. Si el cliente no pone en práctica la acción o la reflexión a la que se comprometió, no está cerrado el círculo.

Qué es el compromiso en el coaching?

Es como un anillo en una boda.Es lo más importante.

Sin compromiso total y absoluto no hay una boda de verdad. Puede haber un espectáculo, pero no una boda.

el compromiso del coachee es esencial

El coaching no es lo más cómodo para el cliente. No es como, por ejemplo, el Reiki, donde el paciente se estira en una camilla, cierra los ojos y vuelve a abrirlos de nuevo al final de la sesión. Se va a casa y se olvida de lo que ocurrió en la sesión de Reiki.

Pero el coaching es otra historia. Para empezar, en coaching personal no tenemos “pacientes” sinó “clientes”.  Un “paciente” denota a alguien que “espera” (rol “pasivo”). En coaching co-activo tenemos a clientes que son activos en crear la vida que desean.

La sesión de coaching no acaba cuando finaliza el encuentro con el coach, sino que más bien empieza entonces!

El coach tiene la responsabilidad (y lo es) de sujetar las riendas del compromiso de su cliente.

El coach que no sabe sujetar fuertemente a su cliente en su compromiso puede acabar sintiéndose fracasado y resentido. Y el cliente que no tiene a su coach como un punto de referencia donde sujetar sus compromisos, puede dejar de valorar el servicio que presta el coach.

Así pues, quien quiera crecer, ANTES de contratar a un coach que se pregunte: Hasta qué punto estoy comprometido con mi crecimiento? Hasta que punto voy a arriesgarme para conseguir lo que quiero? Hasta qué punto soy capaz de renunciar a lo cómodo para alcanzar mi sueño?

Si la respuesta es un sí a medias, pregúntate qué es más importante pues que tu compromiso? Tú comodidad? Tu vida actual? Si es así, para qué buscar un coach? Si no eres capaz de ir más allá de tu zona de confort y completar una vuelta entera de tu NUEVO círculo, no esperes crear un círculo mayor alrededor del primero. Pues el coaching te puede servir para acelerar el número de círculos que tejes en tu vida. Es como un proceso en espiral, donde un círculo te lleva a otro mayor, y ese a otro…y así vas creciendo.

En el coaching co-activo te enseñan que cuando un cliente no hace sus “deberes” (es decir, ejecuta aquello que libremente se comprometió a ejecutar), entonces el coach tiene que hacer ver al cliente qué sucede con su relación con el compromiso. Y se saca un aprendizaje que se supone que le hará comprometerse más la próxima vez.

Pero mi experiencia es que la persona (el cliente) se acostumbra a cumplir a medias sus compromisos, y va sacando “aprendizajes” y “reflexiones”, y a veces se auto-engaña. El cliente se queda en su zona de confort y no va más allá.

Aprender significa que actúas de una forma distinta.

Si no hay acción, no hay aprendizaje real. El aprendizaje tiene que ser puesto en práctica. De nada sirve “reflexionar” y “aprender” mentalmente si eso no se traslada automáticamente en un cambio de comportamiento o de forma de ver tu realidad.

Si haces coaching conmigo verás que tengo tu “compromiso” como algo sagrado. Me tomo muy en serio tus compromisos, y espero que los cumplas al 100%. No espero que ejecutando tu compromiso logres siempre  los resultados que esperas, pero sí espero que ejecutes tu compromiso hasta al final. Decía Krishna a Arjuna: “Tu lucha y deja los resultados de la batalla en mis manos”. Así tiene que actuar el cliente: luchar a muerte con el compromiso adquirido. Y dejar los resultados en manos de la Vida.

El cliente que no cumple al 100% su compromiso es un cliente que ha desperdiciado el potencial de su sesión de coaching. No hemos cerrado el círculo y no podemos crear otro mayor. Estamos todavía en el primer círculo.

No cerrar el círculo significa que el cliente tiene un saldo pendiente. Puesto que el cliente siempre es LIBRE de hacer lo que quiera con su vida, y puesto que a veces lo “perfecto” es enemigo de “lo bueno”, el coach debe hacer reflexionar a su cliente sobre lo sucedido. Y esa reflexión es valiosa si lleva al cliente a cerrar el círculo y sentirse preparado para iniciar otro círculo mayor. Y para ayudar a cerrar ese círculo, en caso que el compromiso no esté cumplido, pido al cliente que auto-evalúe si su corazón está más cerca de “a” ó de “b”, siendo:

a) Me ha quedado algo pendiente, no he sacado el aprendizaje o la transformación que podía haber sacado (y de lo cual se trataba)

b) He obtenido más de lo que esperaba, estoy más que satisfecho con la relación que tengo con mi compromiso (aunque no haya sido perfectamente cumplido)

Si el corazón dice que está más cerca de “b”, el círculo ha sido cerrado completamente y se celebra. Si el corazón dice que está más cerca de “a”, se celebra la parte de aprendizaje logrado y se debe compensar lo pendiente mediante un donativo de 100 euros a una ONG (o algo equivalente a los ojos del cliente).

El dar el donativo de 100 euros a una ONG (o la opción equivalente que deberá ser comunicada al coach) es una acción concreta que ayuda a cerrar ese círculo. Y una vez cerrado, se puede (claro que sí), reflexionar sobre la relación que tiene el cliente con su compromiso y celebrar lo aprendido. El círculo ya habrá sido cerrado.